La verdadera historia de la fotografía de los obreros de Nueva York

El mundo de la fotografía esconde secretos y misterios que a veces no son tan conocidos como las obras que los custodia. Los fotógrafos consiguen captar con sus lentes momentos que perviven para siempre en la mente de quienes observan los frutos de su trabajo. Todo el que alguna vez la ha visto (bien en cartelería, merchandising, documentales…) no la olvida jamás.

Pero la verdadera historia de la fotografía de los obreros de Nueva York es desconocida por la gran mayoría y guarda en su interior las claves de una época y del apasionante oficio de la fotografía.

La verdadera historia de la fotografía de los obreros de Nueva York

La fotografía de los obreros sentados a 240 metros de altura en una viga de Nueva York, sin ningún tipo de protección y con gestos de absoluta indolencia, es eterna en el imaginario colectivo. Por supuesto, también en el de los más eruditos en fotografía.

Muchas son las investigaciones que se han llevado a cabo sobre la icónica fotografía para desvelar algunas de sus incógnitas.  Los 11 trabajadores que posan de manera estudiada (según la tesis más frecuentadas por los especialistas en fotografía e historia) afirma que la instantánea había surgido de un concienzudo trabajo de escenografía previo. Además, se desmiente los rumores sobre si los trabajadores eran en realidad actores.

En efecto, se trata de los manos que construyeron el actual rascacielos Comcast Building (pieza central del Rockefeller Center ) y que en el momento de su construcción (durante la Gran Depresión, en 1932) era uno de los edificios más altos de EEUU.

Otra de las intrigas que ha quedado sin resolver es: ¿quién es el autor de Lunch atop a Skyscraper? Actualmente, la autoría es desconocida y en el momento en el que se tomó estaban presentes tres prestigiosos fotógrafos: Charles Ebbets, Thomas Kelley y William Leftwich.

La fotografía publicitaria como arma

Esta fotografía es en realidad una pieza más de la serie de fotografías publicitarias con las que se pretendía promover y publicitar la construcción del Rockefeller Center.

Lejos de ser una instantánea realizada con cualquier otro espíritu, la intención original del autor desconocido de esta obra era la simple promoción de un producto. Se trata de fotografía profesional con intención comercial.

Pero las grandes obras nacen de manera insospechada y lo que se estimaba en principio como un simple reclamo publicitario de carácter local para los neoyorkinos, fue mucho más allá cuando la fotografía apareció por primera vez en el suplemento dominical del New York Herald Tribune.

La obra trascendió fronteras y su propio objetivo de conseguir estimular la venta inmobiliaria. Finalmente, se convirtió en un icono para todos los apasionados de la fotografía. 

Una estrategia publicitaria con sorpresa

Lo que no tenemos constancia en la actualidad es sobre qué objetivo real perseguía la estrategia publicitaria del autor. ¿Era realmente consciente de la trascendencia y el impacto de su obra?

Lo cierto es, que fuera parte o no de la estrategia de publicidad, la fotografía de los obreros de Nueva York se convirtió en un símbolo de la resistencia y de la Gran Depresión.

Los trabajadores inmortalizados procedían en su mayoría de orígenes extranjeros. Eran personas que luchaban por salir adelante en un país en el que la economía pasaba por su peor momento de la historia.

Esta fotografía constituye todo un homenaje al coraje de seguir siempre adelante y a la osadía que nace de las grandes desesperanzas. Para vencerlas.